Venkataraman Iyer/Ramana Maharshi
(1879-1950)
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Todos los seres sentimos naturalmente un gran amor por nosotros mismos y deseamos disfrutar de la felicidad permanente e ininterrumpida, sin rastro alguno de sufrimiento.¹
Pero cometemos el error de creer que podemos obtener esta felicidad entre los objetos del mundo y por eso, a pesar de todos nuestros esfuerzos, solo conseguimos algo de placer pasajero y efímero.²
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En realidad, la felicidad es nuestra propia naturaleza, como prueba el hecho de que todos la experimentamos durante el sueño profundo, cuando no hay pensamientos, ni sujeto, ni objetos, ni mundo.
Por eso, para lograr la felicidad permanente que todos ansiamos, debemos reconocer lo que verdaderamente somos.³
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Para ello, lo primero es descartar todo lo que no somos.
No somos el cuerpo físico, ni los órganos de los sentidos, ni lo que nos permite hablar, movernos, comprender, alimentarnos o procrear.
No somos la fuerza vital que anima el cuerpo con la respiración o la circulación de la sangre y lo diferencian de un cadáver inerte.
No somos la mente que piensa, ni ninguno de sus pensamientos.
Ni tampoco somos la ausencia de todo lo descrito.
Somos lo que queda, lo que ha negado todo lo anterior y que es pura existencia, consciencia y dicha permanente.
Si dejamos de mirar hacia el mundo y nos volvemos hacia nuestro interior, podremos reconocer al que percibe, que es lo que somos.⁴
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El mundo desaparece cuando los pensamientos, que son el origen de todo el conocimiento y de todas las acciones, se aquietan.
Durante el sueño profundo no hay pensamientos, por lo que tampoco hay mundo.
Solo mientras soñamos o estamos despiertos, hay pensamientos y hay mundo.
Cuando la mente deja el Ser, aparece el mundo y el Ser queda oculto y cuando aparece el Ser, el mundo desaparece.⁵
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El pensamiento del yo es el primero, después de él aparecen todos los demás pensamientos, con el mundo y el resto de nuestros semejantes.⁶
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Para aquietar los pensamientos necesitamos investigar quiénes somos.
Entonces reconocemos el Ser.
Para ello debemos mantener la atención continuamente en el pensamiento del yo.
Y cuando aparezcan otros pensamientos, en lugar de perseguirlos, debemos preguntarnos a quién le aparecen esos pensamientos.
La respuesta es que a nosotros.
Preguntémonos entonces quiénes somos nosotros y la mente volverá de inmediato a su origen, con lo que desaparecerán los pensamientos que habían aparecido.⁷
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Cuando la mente sale del Ser, aparecen los nombres y las formas.
Cuando la mente permanece en el Ser, los nombres y las formas desaparecen.
El yo, que es el origen de todos los demás pensamientos desaparece también y el Ser siempre existente brilla por sí mismo.⁸
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Debemos continuar sosteniendo la atención en el Ser y eliminando los pensamientos tan pronto como surjan, mientras estos sigan apareciendo.
Así, poco a poco la mente desarrollará la capacidad de permanecer en su origen, hasta que seamos capaces de establecernos allí.⁹
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Lo único que existe es el Ser.
El mundo, el alma individual y Dios son solo apariencias.¹⁰
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El Ser brilla sin más cuando el pensamiento del yo desaparece.
Es lo que llamamos silencio.¹¹
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El Ser mismo es el mundo, el yo y Dios.
Solo tenemos que abandonarnos a Dios, permanecer constantemente en el Ser sin permitir la aparición de otros pensamientos y confiar en que Dios se encargará de todo.¹²
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La felicidad es el Ser mismo.
Creemos que la felicidad procede de los objetos externos, pero cuando la mente sale al mundo solo acaba experimentando miseria.
En realidad, es cuando cumple sus deseos y sin más que hacer regresa a su origen, que la mente disfruta de la felicidad que es el Ser.¹³
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La mente de aquél que conoce la verdad, nunca deja el Ser.¹⁴
De hecho, lo que llamamos mundo son solamente los pensamientos.
Cuando no hay pensamientos, el mundo desaparece y la mente experimenta la felicidad.
Cuando los pensamientos aparecen con el mundo, la mente sufre la miseria.¹⁵
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Si nos quedamos quietos, la mente permanece en el Ser.¹⁶
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La ausencia de deseos es la sabiduría.
Sin deseos, la mente no sale hacia los objetos externos.
La sabiduría es la no aparición de ningún objeto.
No buscar lo que no es el Ser, es el desapego y la ausencia de deseos.
No abandonar el Ser, es la sabiduría.¹⁷
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La liberación es reconocer nuestra propia naturaleza.¹⁸
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MIS COMENTARIOS
¹ Desde que aparece el yo soy y tenemos la sensación de ser, esto es, desde que somos conscientes de ella, nos amamos más que a nada y cuando este yo soy se va cubriendo de características, aprendizajes y experiencias formando la persona o ego, ese amor continúa, de forma que aunque en ocasiones actuemos de manera equivocada, todo lo que hacemos en la vida es buscando nuestra propia felicidad.
² Identificados con el cuerpo y la mente, manejamos solo la información del mundo exterior que nos llega a través de los cinco sentidos y el pensamiento, por lo que buscamos naturalmente la felicidad entre sus placeres pasajeros, ignorando que nuestra verdadera naturaleza es ya la dicha perfecta.
³ Sin ninguna duda, nuestra verdadera naturaleza original, la Consciencia Única o el vacío de la no dualidad, es la plenitud, la dicha y la paz permanentes.
⁴ Esta es la práctica del neti neti, o no es esto, no es esto, que a lomos del pensamiento va eliminando concepto a concepto todo el conocimiento almacenado en la memoria y todo lo imaginado para la ocasión, con el fin de contestar a la pregunta de qué es lo que no somos. Al final reposamos en la mente original, en la consciencia testigo, en el yo soy desnudo donde debemos asentarnos hasta que se produzca el reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza original, la Consciencia Única o no dualidad.
⁵ Efectivamente, la existencia del mundo depende de la existencia de los pensamientos y viceversa. Por eso cuando la mente se aquieta, en su reposo no hay pensamientos ni mundo, solo consciencia de ser.
⁶ El yo soy, la sensación de ser, es el primer pensamiento de la dualidad. Por eso, aunque el desapego del cuerpo y los pensamientos nos sitúe en este yo soy desnudo o estado mental original, no habremos superado la dualidad y por tanto no habremos reconocido aún nuestra verdadera naturaleza original que es el vacío de la no dualidad eterna, reconocimiento este que no depende de nuestro esfuerzo.
⁷ Aquí se describe de manera sencilla y clara el procedimiento para permanecer en el yo soy denudo una vez reconocido, para poder establecernos en él y esquivar el sufrimiento, el nacimiento y la muerte pertenecientes a la ilusión de Maya.
⁸ Se salta aquí el paso intermedio del establecimiento en el yo soy desnudo o consciencia testigo, que es la práctica suprema y se va directamente del ego a la Consciencia Única.
Y es que en realidad la mente que piensa, la mente original y la Mente Única son desde un principio una sola mente vacía cuya manifestación espontánea como yo soy, queda identificada con el cuerpo y debe iniciar desde el ego el proceso de desidentificación, hasta restablecer la no dualidad y eliminar toda creencia ilusoria.
⁹ Nuevamente se describe la práctica suprema que nos conduce del sufrimiento del samsara a la dicha del nirvana.
¹⁰ El Ser es la Consciencia Única. Todo lo demas, a saber, el mundo donde impera la dualidad de la persona o ego y el pensamiento, el alma individual que es el yo soy desnudo o en su ausencia la consciencia universal, son solo la manifestación del vacío de la Consciencia Única, que en sus múltiples apariencias no deja nunca de ser vacío.
¹¹ Sin el pensamiento del yo soy, solo queda la Consciencia Única y su espontánea manifestación.
¹² No tenemos por qué pretender el reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza o esperarla, para liberarnos del sufrimiento de la existencia y acceder a la plenitud, la dicha y la paz del nirvana. Basta con establecernos en el estado mental original y rehusarnos a que nuestra atención se quede atrapada en nada. Entonces no es descartable que se produzca además el reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza original.
¹³ La felicidad del nirvana reside en nuestra sensación de ser desnuda, en el estado mental original libre de pensamientos. Cuando éstos salen al mundo en busca de la felicidad, es porque desconocen que precisamente esa es la naturaleza de su propio origen, pero una vez que se dan cuenta, los pensamientos solo salen a experimentar y divertirse volviendo en cada ocasión a disfrutar de la dicha y la paz de su propio hogar.
¹⁴ Esto es así, porque perdemos el interés en los ires y venires del pensamiento entre un montón de situaciones, cosas y gentes que nunca llegan a destino alguno y elegimos permanecer presentes en plenitud, dicha y paz mientras la manifestación se desenvuelve espontáneamente.
¹⁵ Si prestamos atención a los pensamientos, estaremos envueltos en todas las experiencias del samsara. Si les retiramos la atención a los pensamientos, aparecerá la calma y la dicha del nirvana.
¹⁶ Si el cuerpo, las emociones y los pensamientos se calman, la mente se aquieta y como tal es la consciencia, lo que nos sitúa en el estado mental original.
¹⁷ Por sabiduría se entiende haber reconocido nuestra verdadera naturaleza, establecerse en ella y comprobar que no hay objeto externo alguno, ni por consiguiente deseos que puedan despertarse en la mente hacia ellos.
¹⁸ La liberación completa solo se alcanza cuando reconocemos el vacío de nuestra verdadera naturaleza original y dejamos que la manifestación se desarrolle espontáneamente.