(1686-1769)
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Todos sin excepción disponemos de la perfecta sabiduría trascendental prajna de nuestra mente original, que es diferente del entendimiento dualista y del conocimiento intelectual.¹
Para devolverle el control, debemos abandonarlo todo por completo.²
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No había un nombre para definir la mente no dual, pero al darle uno la convertimos en un objeto y creamos un sujeto para percibirla.³
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No es igual pensar que comprendemos lo que es nuestra naturaleza real, que experimentarla.⁴
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Aceptar nuestras ideas y pensamientos como verdaderos, es el origen del nacimiento y la muerte.⁵
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Todos somos desde siempre libres.
Podemos mover los brazos y levantar las manos sin que nadie nos ayude.
Quién nos limita?
Todos podemos dormir toda la noche y movernos durante el día.⁶
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Todo fluye espontáneamente sin cesar, pero si dudamos o nos detenemos a pensar, el dualismo aparece ante nosotros en todas sus formas.⁷
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En nuestros sueños el mundo es real, pero al despertar a nuestra verdadera naturaleza ya no hay formas, ni sensaciones, ni percepciones, ni consciencia de sueños o ilusiones y todas las cosas son solo apariencias vacías, porque desde el principio nada existe.⁸
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Ganar y perder, correcto y equivocado, dejemos todo el dualismo en paz y no creemos problemas donde no los hay.⁹
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El funcionamiento de la sabiduría trascendental de nuestra mente original, es ya la iluminación.¹⁰
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Todos somos Budas, cuando ya nada nos falta, ni nada tenemos que esperar.¹¹
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MIS COMENTARIOS
¹ En la tradición oriental se distinguen cuatro funciones mentales principales, la que se ocupa de la información sensorial, el almacén subconsciente, la que renueva la identidad individual y la inteligencia que discrimina y razona. Cuando están en reposo, se hace cargo de todo la sabiduría, la intuición, prajna.
² Para que prajna opere libremente, las funciones mentales deben estar en reposo, como ocurre en el estado mental original.
³ La Mente no dual Única no puede ser abarcada por la dualidad del pensamiento conceptual, que solo se ocupa de definir e interpretar objetos desde un sujeto. Lo más que puede hacer, es intentar darle un nombre y una forma, y archivarlo en el lugar correspondiente de la memoria, como si así la comprendiera.
⁴ La dualidad no puede comprender la no dualidad, porque se basa en conceptos construidos imaginariamente por comparación entre ellos mismos y en relación a sus opuestos, que convierte en objetos de un sujeto también imaginado. En estas condiciones, toda comprensión ha de ser por fuerza ilusoria.
⁵ Los pensamientos son imaginaciones que usan objetos imaginarios, para que los entretenga un sujeto imaginado también. Es una puesta en escena cuidada hasta el punto de hacernos creer en su realidad e ignorar que es solo una ficción mental en la que solo la pantalla donde se proyecta es ajena a la ilusoria representación.
⁶ Todo lo que queda fuera de la ilusión de Maya o el samsara, es el funcionamiento espontáneo de nuestra verdadera naturaleza o nirvana. Pero desde el punto de vista de la no dualidad, no hay diferencias y todo es solo la manifestación de la Mente Única.
⁷ Establecidos en el estado mental original, la manifestación de la Consciencia Única se desenvuelve espontáneamente sin impedimento alguno, pero basta prestar atención y considerar digno de nuestro interés el contenido de un solo pensamiento, para que la ilusión del samsara se despliegue ante nosotros en toda su extensión.
⁸ Aquí nuestro sueño es vivir identificados con el cuerpo y la persona, guiados por los pensamientos en la ilusión de Maya o el samsara. Pero cuando reconocemos el vacío absoluto de nuestra verdadera naturaleza original, nada real o ilusorio queda en la no dualidad eterna.
⁹ Se insiste aquí en que seguir nuestras preferencias, es ser prisioneros de la historia personal que la memoria guarda, lo que nos limita y condiciona al sufrimiento de la existencia mundana.
¹⁰ No hay un concepto iluminación o algo concreto que conservar como tal, aparte del funcionamiento espontáneo del estado mental original.
¹¹ Somos Budas o iluminados, cuando dejamos de identificarnos con cualquiera de las posibles identificaciones que se nos presentan. Así que somos Budas, precisamente por no serlo.