(1622-1693)
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Debemos permanecer de manera natural y espontánea en nuestro estado mental original, sin transformarlo en pensamiento y sin buscar nada más.¹
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Si dejamos que nuestro estado mental original se transforme en pensamiento, viviremos en el engaño de la dualidad, porque solo a través de los pensamientos experimentamos el sufrimiento y la felicidad de la existencia.
Todas las ilusiones se producen de la misma manera.²
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La mente original trata libre y espontáneamente con cualquier cosa que se presente ante ella, pero si ocurre algo que nos haga transformar nuestro estado original en pensamiento, este se fija en una sola cosa y se vuelve ciego a todas las demás, privando así a la mente de su libertad original.³
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Cuando la ira o el deseo aparecen en la mente como consecuencia de nuestra costumbre de actuar siempre en nuestro propio beneficio, cambiamos por ellos la maravillosa sabiduría de nuestro estado mental original y caemos en la ilusión.
En cuanto esta parcialidad desaparece, nuestra mente se transforma de nuevo en la mente original y dejamos de sufrir.⁴
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Debemos comprender por completo que nuestro estado mental original es la no dualidad.⁵
Entonces, sin práctica previa alguna estaremos en la mente original desde ese mismo momento y no será necesario hacer nada más, porque todo se ocupará de sí mismo simplemente con que seamos como somos.⁶
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No había rastro de ilusión en la mente que nuestra madre nos dio al nacer.
Si percibimos con claridad esta mente original que ya es nuestra, nada más nos perturbará y podremos hacer libremente lo que queramos, porque ese será nuestro estado no dual espontáneo particular.⁷
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Lo que llamamos pensamiento, no es la mente original de la no dualidad que refleja todas las cosas que la rodean y se convierte en ellas al transformarse en pensamiento.⁸
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Los pensamientos originalmente no tienen substancia real, así que dejemos que aparezcan y desaparezcan cuando quieran.
No les prestemos atención y no habrá ilusiones.⁹
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En el estado mental original todas las cosas ocupan su lugar y están en completa armonía.¹⁰
Cuando permanecemos en él sin regresar a los viejos hábitos mentales de transformarlo en estados dualistas ilusorios, confirmamos que todos somos ya seres iluminados y habremos realizado por completo la doctrina budista.¹¹
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MIS COMENTARIOS
¹ Una y otra vez se repite el mismo consejo, permanecer en el testigo silencioso de la experiencia, en el estado mental original previo a la aparición de los pensamientos y no prestarles atención si en algún momento surgen, confiando plenamente en que el devenir se ocupará de todo.
² En el momento en que prestamos atención a los pensamientos, aparece la persona, el mundo y todas las interpretaciones subjetivas sobre los sucesos de la existencia que hace el pensamiento y que nos generan las emociones a favor y en contra que nos llevan a la acción y a la creación de todo tipo de karma.
³ Al ser un estado mental, el original previo al pensamiento o yo soy no es un estado estable, por lo que aunque consigamos establecernos en él, en cualquier momento cabe la posibilidad de que la atención se fugue con algún pensamiento, dando origen a la dualidad de la ilusoria existencia mundana y quedando condicionados por la historia personal y sus preferencias, especialmente cuando el karma pasado aún reclama nuestro interés.
⁴ La ira o el deseo no pueden aparecer en el vacío del estado mental original, solo surgen a partir de que prestamos nuestra atención al contenido de algún pensamiento y nos involucramos en lo que nos propone.
⁵ El estado mental original es ya la no dualidad y no solo podemos todos reconocerlo y estabilizarnos en él, sino que estamos en él en muchas ocasiones a lo largo del día sin percatarnos de ello. No es necesario reconocer nuestra verdadera naturaleza original para esquivar el grueso del sufrimiento de la existencia, basta con establecernos en el estado mental original. La única diferencia es que en este estado mental prevalece la sensación de ser, mientras que tras el reconocimiento del vacío de nuestra naturaleza verdadera, es substituído por la desidentificación total en el Absoluto que todo lo abarca sin esfuerzo y que es imposible de evitar.
⁶ Las prácticas pueden enseñarnos a manejar la atención para retirarla de los pensamientos o para purificar la mente de sus hábitos de comportamiento más nocivos y sus creencias más condicionantes y negativas, pero el estado mental original que es nuestro desde el nacimiento nada ni nadie nos lo puede dar o quitar, sino solo señalar para que podamos reconocerlo nosotros también y esto solo puede hacerlo con certeza quien ya ha reconocido su verdadera naturaleza original.
⁷ Es fundamental reconocer al testigo silencioso de la experiencia en nosotros, el estado mental original previo al pensamiento, el yo soy desnudo de cualquier característica añadida con el que nacimos, pues establecernos en él equivale al nirvana o la liberación del condicionamiento de los conceptos del pensamiento.
⁸ La esencia de la Mente Única es el vacío a partir del que surge el primer pensamiento, el yo soy, es el estado mental original que puede transformarse en cualquier otro estado mental siguiendo los contenidos de los pensamientos.
⁹ Si luchamos por eliminar los pensamientos, en realidad los reforzamos, porque es nuestra atención y nuestro interés a favor o en contra lo que los alimenta. Es por ello que ignorarlos, retirarles la atención y mostrar indiferencia ante su aparición y desaparición, es el método más seguro para poder establecernos en el estado mental original y abandonarnos confiadamente al devenir.
¹⁰ Abandonarse al estado mental original no es despreciar la vida, sino dejar que todo ocupe espontáneamente su lugar y siga su propio ritmo sin que tengamos que intervenir voluntariamente, guiados por los pensamientos que nunca nos indican de cierto qué dirección tomar.
¹¹ La doctrina budista en cuanto a enseñanza culmina aquí. Pero la pemanencia en el estado mental original puede desembocar, sin que podamos saber cuándo ni en qué casos sí y en qué casos no, en la desidentificación del yo soy desnudo, nuestra sensacion de ser, lo que nos funde en vida con el Absoluto que no sabe que es, Parabrahman o sunyatá.